En la Sevilla de mis amores, en la calle Greco, está el Bar Rocío; es un barecito familiar, pulcro y limpio como una patena, con un servicio profesional, amable y cercano y una estupenda carta de tapas. En la barra el pater de familia. Miguel, ejerce de perfecto anfitrión, su hijo atiende las mesas de la terraza y su esposa señorea con mano esperta en los fogones. Al fondo de la barra tiene un amplio salón comedor donde se puede degustar una de las mejores cocinas caseras de la capital, con un catálogo de soberbios guisos.
Pero volvamos a las tapitas que es lo que me interesa; entre una amplia carta donde se mezclan las ofertas tradicionales con otras con un matiz mas novedoso, mi preferida es la carrillada de ibérico al Pedro Ximenez (o carrillera, que también así se dice ahora), mi mujer se decanta por las taleguillas rellenas de queso con mermelada e higo y ambos por el arroz imperial, y precisamente de esta tapa es de lo que vamos a hablar.
Según me he instruido el arroz imperial es una receta de origen centroamericano, cubano más concretamente. El caso es que después de ciertas pruebas y de ir cotejando receta por aquí, receta por aca; a esta receta le quito este ingrediente, en esta otra potencio este otro, etc, he llegado a cogerle el puntito, me he confeccionado mi propia receta, me sale pa chuparse los dedos y esta es la receta que ahora mismito voy a compartir con todos ustedes.