El día está primaveral
pero traicionero y feo. Momentáneamente luce el sol y al cabo de un minuto te cae
un aguacero de aúpa y señor mío. De las semanitas que llevamos ni te cuento,
agua por un tubo, tanta que en esta Andalucía crónicamente sedienta estamos
abriendo las compuertas de los pantanos so pena de que estos revienten; nos
queda el consuelo de tener remanente de agua para unos añitos.
La cocina detrás de una cristalera y la cocinera japonesa trajinando en ella.
Como decía y a pesar de
que el día se presta más al chándal, la litrona y una buena peli en la tele, cómodamente
apoltronados en la butaca del comedor viendo caer el agua a través de los
cristales, en un acto de inusitada valentía nos hemos armado de coraje y sin paraguas siquiera nos hemos lanzado al centro a pegarnos un garbeo y tomarnos una copichuela.
