Hace la tira de años, seguro
que han pasado más de tres lustros, al
principio del tercer trimestre (por entonces los cuatrimestres en la
universidad no existían) un compañero de facultad de Eva, mi consorte, contactó
conmigo para que le echara una mano a su hija con una asignatura de 1º de
matemáticas, cosa que gustosa y trabajosamente hice (ahora ya no me acuerdo de
casi nada de lo que estudié, en aquella época casi tampoco). En agradecimiento
me regaló un libro de una autora de la que yo no sabía nada, Almudena Grandes,
a pesar de que ya era muy conocida tras haber ganado el XI Premio La sonrisa Vertical con la conocida novela erótica Las edades de Lulu.
La novela que me regaló
se llamaba, y ciertamente sigue llamándose,
Malena es un nombre de tango y
es una de las cosas más bonita que he leído nunca, tanto, que aquel verano de
antaño Eva y yo la leímos simultáneamente y nos peleábamos una y otra vez por
coger la novela para enfrascarnos en sus páginas, literalmente nos la
quitábamos de las manos al menor descuido, vamos como, salvando las
diferencias, el mando de la tele hoy
día.