Casi un mes sin hacer una nueva entrada y por fin
hoy rompo esta dinámica.
Yo no sé que es lo que
le pasa al común de los mortales en esta Sevilla de Mayo florido y caluroso,
pero a mi me da una pereza de muerte salir a tapear por las mañanas con estas calurinas
de muerte; prefiero quedarme fresquito en casita, preparar alguna pijotada
culinaria mientras me tomo un buen Ribera, charlando con la parienta y luego,
tranquilitamente, zampármela mientras me chupo un buen partido de tenis. Por la
tarde es otra cosa, ya cuando el lorenzo se larga y la calor se atempera te
entra como un gusanillo por el cuerpo que no te deja tranquilo hasta que no
estás sentaito en una terracita con una cruzcampo en la mano y sorbiendo
caracoles como si te fuera la vida en ello. ¿Tú te has dado cuenta de que
cuando comes caracoles se para el mundo? Es meterte el primer molusco
gasterópodo en la boca y se despierta en ti un instinto asesino competitivo al máximo; en
el mismo tiempo que Fermín Cacho tardó
en ganar los 1500 metros en las olimpiadas de Barcelona (3 minutos 40 segundos
12 décimas) te has ventilado tu tapa de caracoles y, en un descuido, le has
quitado a tu mujer un par de caracoles de la suya, acabas y te sale un !uf! que resuena en toda la terraza para acto seguido pegarle un buen buche a la cerveza.