Mañanita de Maratón por las calles sevillanas.
Hoy he salido a deleitarme con
los portentosos chicos del Rift. Es un auténtico placer ver correr a estos
magníficos, portentosos y estilizados
especímenes del altiplano; más que correr flotan, botan y rebotan gráciles como
gacelas. Detrás de ellos, élite entre la élite, algunos osados intentan
seguirles el ritmo persiguiéndolos inútilmente con la lengua fuera por el
esfuerzo. A cada zancada el abismo entre ambos grupúsculos se agranda como la
grieta de una enorme falla en un día convulso.

