Fargo, la película, me encantó,
ese paisaje de Dakota del Norte todo nevadito, esa policía tan lista y tan
embarazadita ella, esa trama tan enrevesada con secuestro, muertes, chantaje y
todo lo que la loca imaginación de los hermanos Cohen es capaz de elucubrar; y
nieve, mucha nieve por todos los lados, una blancura interminable que hiere los
ojos y que para un andaluz como yo resulta abrumadora y deprimente; lo único
bueno que yo le veo a vivir en un lugar tan puñetero, árido y congelado como
ese es que la cerveza tiene que estar fresquita fresquita, vamos que pones una
Cruzcampo gélida de esas que tiene un punto azul para ver cuando están en su
punto y el punto azul revienta de placer. A mí me sueltan en un paraje de esos
y se me caen los palos del sombrajo, con lo bien que se está aquí en una
terracita, a veintipocos grados, en mangas de camisa, oliendo a azahar y con un
platazo de caracoles por delante. ¡Vamos, por Dios!
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| Escena de la película, ¡Cuánta puñetera nieve! |
