Lo he intentado pero no soy capaz
de poner en pie quien o quienes me hablaron por primera vez de este sitio,
escudriñando en mis recuerdos y por esas extrañas asociaciones de ideas que se
nos quedan grabadas sin saber cómo, sí soy capaz de ubicar la conversación en
fechas cercanas a la finalización del curso académico, sobre mediados de junio,
cuando ya la calor nos tenía locos y con la lengua fuera en esta bendita tierra
de María.
Por costumbre suelo apuntar este
tipo de referencias que se me hacen para su posterior utilización (o al menos
comprobación), pero en este caso concreto no fue así y el bienintencionado
consejo cayo en el saco de los olvidos engullido por una vorágine de exámenes,
evaluaciones, actas y toda la tremenda parafernalia de papeleos que se
amontonan al final de cada curso.
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