jueves, 17 de noviembre de 2016

VIAJE A PERÚ. ENTRADA 4. DE PUNO A CUSCO





DE PUNO A CUSCO

Nos hemos levantado a las cinco y cuarto para hacer la mochila, recogerlo todo y tomar algo en el desayuno para poder estar en la estación de autobuses a las seis y veinte. A y media sale el autobús que nos ha de trasladar a Cusco siguiendo una ruta turística. Esto de madrugar se está convirtiendo en una rutina. La empresa se llama Inka Express Bus y la información que encontré por internet me pareció bastante buena, así como los comentarios de los distintos usuarios que la habían utilizado. Ayer, cuando llegamos del lago, a pesar de tener el morro como lo tenía, haciendo un esfuerzo, nos pasamos Eva y yo por sus oficinas y contratamos el viaje para los cinco. Les sacamos una rebajilla de 5 dólares por cabeza saliéndonos al final por 45 dólares, todo incluido; es decir, comida y entrada en el museo, restos arqueológicos e iglesia que visitaremos durante el camino.


Posando con una llama en un paso de los Andes


La primera sorpresa que nos encontramos es que para acceder a la estación hay que pagar dos pesos y medio, o pagas o no te montas en el autobús aunque tengas el billete en la mano. El bus es relativamente moderno y cómodo y en él nos acompañan dos chicas que nos atienden durante el viaje ofreciéndonos bebidas refrescantes, agua y el inefable mate de coca. Nos queda por delante más de siete horas de viaje en dirección a territorio inca, amén de las paradas programadas por el altiplano, dejando la cordillera de los Andes a la derecha y siempre bordeando los cuatro mil metros de altura.

En las dos primeras horas todo el mundo la soba menos yo; soy incapaz de pegar ojo. Instalado cómodamente junto a una ventana me dedico a empaparme del paisaje andino, de esta tierra ahora seca y árida pero que está cursada por cientos de arroyuelos provenientes del deshilo de las cercanas montañas, con multitud de ánades en sus remansos. Algunas ovejas y vacas, siempre al cuidado de alguna mujer perdida en la soledad de este interminable campo. A medida que subimos, el ganado cambia y ahora empiezo a ver llamas, alpacas y guanacos. Disfruto como un enano empapándome de todo.
Primera parada para visitar el museo de Pucara, humilde pero muy interesante. El museo se encuentra en la localidad del mismo nombre y está dedicado a una cultura que se remonta a 500 años a.C. Se caracteriza por grandes construcciones a modo de pirámides, estelas de piedra  y figuras antropomórficas de dioses guerreros con trofeos humanos entre sus manos.


Dios guerrero con trofeo de cabeza humana

En un momento dado, y después de unos años de tremendas sequias, los habitantes decidieron mandar a hacer gárgaras a sus dioses y emigraron en tropel hacía tierras más fértiles situadas en lo que  hoy es Bolivia. Dijeron “Anda y que te den” y cogieron las de Villadiego. Bien hecho, a los dioses hay que sujetarlos con mano de fierro o se convierten en unos tiranos.



Toritos de Pucara
Hoy Pucara es conocida por su cerámica y sobre todo por sus toritos. Pequeñas esculturas de cerámica que se ponen en lo alto de las casas como protección a todos los males que les puedan devenir. Están en toda esta parte del país. Nos dicen que primero eran figuras de llamas y que convirtieron en toros con la llegada de “nuestros mejores amigos los españoles”

En Pucara hice dos compras muy interesantes, la primera una máscara para mi colección particular que me costó 25 soles y la segunda una bolsa de hojas de coca (en realidad la bolsita la pagó Ana, pero me la apropié por la cara) de la que empecé a hacer uso nada más montarme en el autobús.



La siguiente parada fue en el puerto de Abra La Raya, el punto más alto del viaje con 4.300 metros. Yo, después del tute de hojas de coca, estoy como una rosa. Alturitas a mí, vamos; eso sí, mi mujer dice que apesto como un rumiante.

Hace fresquito y las montañas nevadas que vemos al fondo son impresionantes. Hay muchas mujeres y niñas vestidas tradicionalmente acompañadas de alpacas y llamas que se ofrecen a que nos hagamos unas fotos junto a ellas por unos soles. Casi nadie se resiste, y yo no iba a ser menos. En un valle que discurre por debajo de nosotros, apenas a unos pasos, hay todo un rebaño de llamas y alpacas entremezcladas con ovejas pastando tranquilamente.
Rebaño de llamas y alpacas, al fondo los majestuosos Andes
Del deshielo de esos picos nevados que  se atisban en la lejanía nace el río Urubamba que nos acompañará durante muchos días en nuestra búsqueda del Machu Pichu.

El hambre empieza a apretar y justo después de otra horita llegamos a un restaurante bastante lujoso en comparación con lo que se estila por aquí. Sicuani por nombre y con un buffet bastante aceptable. Además, un padre y un pequeñajo con instrumentos típicos (quena, charango y zampona) nos amenizaron la comida con una actuación a base de canciones de la zona entre las que no podía faltar El Condor Pasa, que desconozco quién es su autor, pero que a mí me fascina desde que la oí por primera vez en la maravillosa versión que hicieron de ella Simón & Garfunkel en su disco Los sonidos del Silencio. Luego la cosa entre ellos acabó como acabó, pero eso es otra historia.

Una vez matada la gazuza volvemos a la ruta en dirección a nuestro siguiente destino: los restos incas de Raqchi, nuestro primer contacto de verdad con la cultura inca. El sitio es imponente y su estructura más importante son los restos del Templo de Viracocha, una enorme estructura rectangular de dos pisos que mide 92 metros de largo por 25.5 de ancho. La estructura la compone una pared central de adobe de entre 18 y 20 metros de altura, con una base de piedra perfectamente labrada.


El gran Pchacutec. Pizarro llega a arribar en
 tiempos de este fiera y se lo comen hechos 
pinchitos


        Aquí por primera vez oí hablar del noveno inca, el gran Pachacútec,  el constructor de Raqchi, y quien convirtió al pueblo inca de un simple curacazgo en un gran imperio. A él le debemos muchas de las construcciones que se conservan hoy día y por encima de todo le debemos esa maravilla que es Machu Pichu. Mucho y muy bueno oiría hablar de él y de una forma bastante reverencial en los próximos días. De todas formas era un cabroncete sangriento muy redomado, pero eso lo era prácticamente todo el mundo por aquí.

A lo que iba, además de las ruinas del templo hay todo un entramado de calles, casas, campos aterrazados de cultivo y 156 colcas o almacenes de planta circular con 8 m de diámetro y 4 m de altura, ubicadas en líneas paralelas muy bien conservados. Estos almacenes fueron utilizados para guardar granos como el maíz y la quinoapapachuño, pescado seco traído de la costa, carne seca de alpaca, etc. Se ve que Pachacútec además de excelente general era un buen economista.


Restos del templo de Viracocha
Seguimos el viaje y llegamos al puente Checacupe, una réplica de un puente inca hecho con sisal y que está sobre el río Pitumayú entre dos farallones de piedra. En origen este puente era una pieza importante en el camino real Cusco-Collao. Por supuesto yo no crucé por tal sitio. No me interesan para nada las alturas ni el movimiento y aquí se juntaban peligrosamente las dos cosas. Con la excusa de hacer de fotógrafo atravesé el rio y la garganta por un precioso, cómodo y sobretodo seguro puente colonial de piedra que transcurre paralelo a él apenas a una docena de metros.


La figurita que está en el puente es mi mujer
Otra vez al bus y al cabo de media hora hacemos la última parada antes de Cuzco (El Cusco para los lugareños), la verdad es que llevamos seis horas y media y el tiempo no se nos ha hecho pesado con tantas paradas interesantes, un refresquito de vez en cuando, una cabezadita y dos o tres hojitas de coca bien rumiadas. Esto es vida.

                La última visita es a una iglesia, la iglesia de Andahuaylillas, a la que llaman la Capilla Sixtina de América. Resulta increíble que en un pueblecito de mala muerte, casi como el mío,  pueda haber una maravilla como esta, pero la hay. La iglesia ha pasado de mano de los letrados Jesuitas a la de los inquisidores Dominicos y ahora de nuevo ha vuelto a los Jesuitas. Esto se nota en muchos matices, por ejemplo los púlpitos son distintos según se hicieran en una época u otra, algunos altares están tapiados y sobre ellos se han construidos otros, etc. Peleas entre hermanos o hermanos que se llevan a matar. La ornamentación es barroca y absolutamente ostentosa, con repujados de oro por todos lados. Las pinturas, todas ellas realizadas por artistas aborígenes de la escuela cusqueña, son alegóricas, y en ellas los autores siempre han dejado algunas pinceladas ocultas con características quechuas (una planta de coca por acá, una cruz inca por otro lado, etc) como reivindicación ante los colonos españoles.






Delante de la entrada de la iglesia hay una enorme plaza con dos hermosísimos y enormes arboles a cuya sombra se despliega el inefable mercadillo que hay en todo lugar donde aparezca un turista. También hay perros, grandes perros tumbados por todos lados; en las escaleras de entrada del templo, entre los puestos, bajo los bancos, en todas partes. Muchos e indolentes perros. Son los primeros que veo en todo Perú. En un momento dado una pareja que venía en el bus con nosotros compra un bocadillo en uno de los puestos y se dirige tranquilamente a montarse en el bus. Chiquillo, aquello fue como si diesen una voz de alarma. De pronto se levanta un perrazo y se va lanzado hacía la señora salivando y mirando con ojos asesinos al bocadillo. Se pone a darle vueltas y por mucho que la mujer levantaba el brazo alejando la vianda de las ávidas fauces más se estiraba el perro para llegar a ella. Al instante estaban todas las mujeres de los puestos con palos intentando espantar al voraz can, pero no había forma. De hecho el asunto acabó tirando la mujer el bocata y saliendo corriendo para refugiarse en el autobús. El perro le dió las gracias efusivamente.

                Si  tengo que resaltar lo que más me ha impresionado de todo el día sin ningún  tipo de duda ha sido la maestría de estos tíos construyendo paredes espectaculares  sin ningún tipo de argamasa, con bloques de piedra, concretamente de granito, maravillosamente trabajados,  entre las que no cabe la hoja de una cuchilla de afeitar. Estaba alucinado y aún no había visto las joyas de la corona, aún no había pisado Cuzco.


Para que aprendan los albañiles de hoy día.

Al final llegamos a Cuzco a las seis de la tarde, ya anocheciendo y cansados, muy cansados. Expectantes por ver que nos depara la ciudad

CUZCO- EL CUSCO. PRIMER DÍA
              
        De las dos formas se dice aunque yo siempre he utilizado la primera, pero aquí no, aquí se utiliza casi exclusivamente la segunda.

Si Lima son muchas Limas, Cusco son tres Cuscos. Está  la ciudad monumental que atesora maravillosos vestigios de la cultura inca y colonial (casi siempre construidos sobre estructuras incas) con el eje Plaza Mayor- Palacio Qoricancha como epicentro;  el segundo Cusco es el anillo que se extiende rodeando todo el centro histórico, muy amplio por algunos lados y en otros muy estrecho, dependiendo de la pendiente del terreno. Esta corona está formada por calles y avenidas con casitas bajas sitas en terrenos relativamente llanos y con una buena estructura urbanística. Por último el tercer nivel lo forman los cerros que circunvalan todo lo anterior, de urbanismo salvaje tipo favelas brasileñas, casas construidas en cualquier sitio, unas encima de otras con infinitas escaleras que suben hasta los picos sin el menor atisbo de lógica ni infraestructura. Esta es la parte de la ciudad que se cruza al entrar pero que se olvida una vez dentro. A veces ni eso ya, que si vienes en avión, el aeropuerto está en el segundo círculo y no atisbas a ver la triste realidad de los alrededores.



Imagen de la Plaza de Armas de Cusco, eje neurálgico sobre el que gira la villa. Al fondo se ven las montañas que rodean la ciudad y se atisban el rosario de casas que serpentean cubriendo sus laderas hasta casi  coronarlas. Urbanismo salvaje que nos encontraremos en otros muchos sitios. 



Otra imagen de la Plaza, con Eva y Rocío posando, vista desde otro de los lados de la misma, y donde tambíén se ve claramente que por ese fondo de la ciudad las montañas aledañas estan ya saturadisimas de chabolas.

Le dedicamos al Cusco dos días, el primero de trabajo y el segundo de visita.

Eva y Ana están medio de turismo, medio de labores académicas y hoy tocaba trabajo. Visita a voluntarios de la Universidad de Sevilla que están colaborando en proyectos que tiene una ONGD llamada Guoman Poma de Ayala (contraparte allí de Solidaridad Internacional Andalucía) reuniones con los representantes de esa ONGD, visitas de campo para ver la labor que están realizando, etc. El Centro Guoman Poma de Ayala es un organismo no gubernamental de desarrollo que trabaja desde 1979 en  el Cusco. Trabaja en hábitat, ciudadanía, gestión de recursos hídricos, desarrollo económico, seguridad alimenticia, asesoramiento, etc.

A las ocho nos han recogido en el hotel en una van con Eliana, trabajadora de la ONGD que nos ha hecho de anfitriona, y nos hemos ido a ver una cañada entre dos enormes laderas sita  apenas ochocientos metros de la Plaza de Armas. Allí están intentando estabilizar las laderas, ya que la desforestación producida por la tala ilegal y los asentamientos salvajes están produciendo derrumbes sobre el cauce del río que transcurre en el fondo, y hay un serio riesgo de que se formen balsas. En algún momento de fuerte lluvias la riada que se produciría en caso de romperse una de estas balsas llegaría, arrasándolo todo, hasta la  misma Plaza de Armas. El ingeniero jefe nos ha dado una amplia disertación con todo lujo de detalles.


Ana, Eliana, el voluntario y Eva

Luego nos ha llevado a una ladera totalmente repleta de casas y pisos amontonados unos sobre otros sin orden ni concierto, donde han realizado canalizaciones con túneles para drenar los manantiales que hacían que se desplazase la tierra, y con ella casas y personas. Hemos visto puntos de anclaje que soportaban toda una parte de una ladera, etc.

La segunda parte se la hemos dedicado a emprendimiento, peronas a los que la ONG ayuda y asesora en múltiples facetas, y nos han llevado a visitar un invernadero de flores perdido en un riachuelo de una quebrada en otra de las laderas que rodea Cuzco. El trabajador se llama Modesto Llavilla Centeno, y además de llevar los tres invernaderos de flores, lleva una granja de cuyes (los cuyes son como cobayas y son los conejos del Perú). Encima le da tiempo para pintar. Nos mostró su obra y nos pidió encarecidamente que nos pusiésemos en contacto con él vía Facebook. Polifacético a tope el señor.


El señor Modesto explicándonos algunas cosillas. 

Seguimos con una visita a una asociación de vecinos de otra ladera, Camino Real,  cuya principal labor es la de concienciación de los habitantes de la misma para la preservación del entorno natural y las mejoras en su red de servicios urbanos. Acabamos la mañana en una especie de instituto politécnico dedicado a la carpintería donde forman a jóvenes en el diseño y ejecución de todo tipo de muebles.


Preciosa sala de diseño del instituto
A la hora de comer salimos de Cusco y nos fuimos los cinco, Eliana y la directora de la ONG que se nos había unido, a una chicharronería llamada Sumac, regentada por una señora emprendedora llamada Judit Cana y que montó el negocio con la ayuda y la asesoría de la ONG. La señora es muy conocida desde que ganó un prestigioso premio culinario en ”Mistura”, la feria que patrocina el archiconocido chef peruano Gastón Acurio. El logo del establecimiento es “En el Valle Sur la vida es más sabrosa”.



El chicharrón es una forma de cocinar, para nosotros es freír. Es decir una chicharronería es un establecimiento especializado en frituras, y este lo estaba en frituras de cerdo. Primero le dan un ligero cocimiento a los trozos de cerdo, luego lo adoban y por último lo fríen en su propia manteca hasta que está crujiente.

Yo disfruté mucho con la comida y con la charla lúdico-culinaria que tuve con una de las fundadoras de la ONGD, la señora Asunción. Durante la plática hasta me dio la receta, óptima según ella, que utiliza para preparar un buen pisco, la bebida nacional del Perú: 1 porción de zumo de limón peruano, 2 de azúcar, 3 de pisco y cuatro de agua helada. Dos claras de huevo y todo a la batidora para que emulsione bien. Lo probaré ya que me he traído pisco y limones de estraperlo. Es bastante curioso la distribución de los restaurantes en esta zona de la ciudad; va por barrios. En el que estábamos todos eran chicharronerias, en el siguiente barrio la especialidad era cuys al horno o fritos, en el de más allá arroz con pato, en aquel otro cevicherias, etc.

Acabamos de comer y sin dilación emprendemos nuestra última visita a una comunidad quechua en lo alto de una impresionante montaña, a varios kilómetros de Cusco. Mi primer encuentro con las carreteras de alta montaña. Hasta ahora he transitado por carreteras ubicadas en lugares muy altos pero relativamente llanos y hoy el sitio es muy muy alto, pero además la pendiente también lo es,  por lo que, si te sales del carril de tierra que nos lleva a nuestro destino, vamos a caer dando vueltas y rodando como un trompo muchos cientos de metros.

La comunidad son apenas media docenas de casitas y en ella Guoman Poma de Ayala está trabajando en dotarlas de placas solares, en la construcción de un salón cocina comunal donde el humo no resulte molesto y dotado de un frigo ecológico empotrado entre paredes de barro realmente novedoso, que mantiene el frío acumulado durante las gélidas noches a base de una capa de aire entre la pared de barro y el frigorífico en sí. Además les ha asesorado y dirigido en la construcción de lo que para ellos ha sido un importantísimo avance y una anhelada necesidad: un cuarto de baño con retrete, lavabo y ducha con agua caliente proveniente de las placas solares instaladas. El último proyecto, del que ya tenían gran parte realizado, era una gran piscina para la decantación,  recogida y posterior depuración de  aguas residuales. Todo ello sin productos químicos, sino a base de las propiedades depuradoras de  la totora, una planta autóctona.

Cuando llegamos un señor, quechua puro, estaba trabajando con maestría en la finalización del salón cocina, todo de barro excepto algunos azulejos alrededor de los fogones y el frigo ya mencionado. Las paredes estaban adornadas con esbozados bajorrelieves de sus ancestros incas y sus iconos más representativos: el puma, la serpiente y el cóndor. Descalzo, con una imagen muy humilde, sus manos ajadas por el trabajo y su tez castigada por el viento y el sol. A instancia del ingeniero que nos acompañaba, se puso a hablar relatándonos lo que para su comunidad suponían esos pequeños avances. Nos explicó lo que supone para su familia cocinar sin humo, poder ducharse con sus hijos y sentir el agua caliente, hacer sus necesidades con dignidad y no en medio de cualquier parte, etc, etc.  Nos dejó con la boca abierta por los sentimientos que expresaba y por como lo hacía. Su discurso era sencillo pero perfectamente coherente, la construcción de sus frases impecable, el conocimiento del léxico amplio y todo fluía de una forma natural y precisa. Encima nos deleitó un ratito hablando en quechua.

Cuando bajamos hacía El Cusco aún resonaban  en mis oídos sus palabras y la dignidad con que las había pronunciado.

A las siete todos de vuelta al hotel exceptos Ana y Eva que se han quedado en una reunión de trabajo con la dirección de la ONGD. Cuando, bien tarde ya, han vuelto y después de una reparadora ducha, nos hemos ido a cenar a uno de los muchos restaurantes que hay en la Plaza de Armas.

Toda un ala de la plaza está llena de restaurantes, uno al lado del otro, y la competencia por captar clientes es feroz. Ayer Eva, la hija de Ana, y yo nos pedimos una parrillada espectacular con cerdo, pollo, embutido y cuy. Mi mujer y Ana nos miraban con cara que expresaban claramente su desaprobación, literalmente decían “cómo os podéis estar comiendo esa montaña de carne”  y ellas, muy comedidas, se pidieron una sopita de pollo. Cuando le ponen la “sopita” nos da la risa a todos; la sopita era una palangana tamaño extra con un cuarto de kilo de fideos y medio pollo cocido. Las niñas, como viene siendo habitual, han acabado en una pastelería para endulzarse los sueños. Todos dormimos como niños pequeños, en la gloria


El cuy antes y después

Por cierto, el cuy no me pareció nada del otro mundo, se asemeja al cochinito al horno que ponen en Segovia. Mi hija no me lo perdonó durante todo el viaje, repitiéndome cada dos por tres “¿cómo te has podido comer una cosa tan linda?”.

CUSCO, SEGUNDO DÍA

Aunque Lima es la actual capital de Perú, Cusco es su “capital histórica”. Antiguamente fue la capital del Imperio Inca y posteriormente una de las ciudades más importantes del Virreinato del Perú, en cuya época, y en manos de los españoles, se engalanó de iglesias, palacios y plazas barrocas y neoclásicas. Todo este ingente patrimonio es lo que hoy la convierten en el principal lugar turístico de Perú. Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1983 por la Unesco, suele ser denominada, debido a la gran cantidad de monumentos que posee, la "Roma de América". Toda la ciudad gira en torno a la Plaza de Armas, donde se encuentra la Catedral y el templo de la Compañía de Jesús, ambos construidos sobre antiguos edificios incas (como casi toda la ciudad). En el centro de La Plaza y presidiéndolo todo se irgue una gran estatua del Inca. La Plaza está flanqueada en dos de sus laterales por una arquería de piedra sobre la que sobresalen unas esplendidas balconadas de madera. Tuvimos la suerte de que nuestro hotel estuviese en la misma plaza y, el último día de vuelta de Machu Pichu, nuestra habitación daba acceso al balcón con la catedral directamente enfrente.



Casi todos los primeros pisos de estos dos laterales son restaurantes, obviamente las mesas más demandadas son las que están en los balcones, y en los días que estuvimos en la ciudad visitamos unos cuantos de ellos; los balcones no, los restaurantes. Como ya comenté en el capítulo anterior la captación de clientes es feroz, te abordan por la calle representantes de unos y otros metiéndote la carta por las narices y glosando alabanzas de su establecimiento; prácticamente se te disputan entre ellos a codazo limpio.

La comida es muy parecida en todos; ceviches, sopas, cuy, carnes a la brasa, trucha, parrillada de verduras, ají, etc. Los clientes son todos extranjeros y en uno de estos bares al que acudimos a cenar los tres mayores, (las niñas Eva y Rocío decidieron quedarse descansando) nos sentamos junto a un gran grupo de chicas y no tan chicas de no sé qué nacionalidad, que, por lo que pudimos observar, estaban celebrando una despedida de soltera y, ya después de la cena, le estaban pegando al pisco de mala manera. En el restaurante amenizaba un conjunto tradicional entonando canciones andinas y cuando cantaron una en cuyo estribillo se repetía muy a menudo la palabra Pachamama (madre tierra), aquello se salió de madre y el menor atisbo de pudor o vergüenza desapareció de aquella pléyade de querubines. Dantesco espectáculo el que presenciamos, disfrutamos y por momentos padecimos.

                La plaza es un hervidero de turistas de todas las nacionalidades. Entre los turistas pululan lugareños que, panfleto en mano, acosan a los turistas ofertando excursiones, y personajes femeninos múltiples ofreciendo todo tipo de mercancías: comidas caseras, pinturas, caramelos de coca, ropa de alpaca tejida por ellas, fotos con llamas ataviadas con coloridas lanas, puestecitos de todo, etc. También mucho hippie extranjero, que se ve que se han apalancado en la ciudad, vendiendo dulces para sacarse unos cuartos.




Personajes que pululan por la plaza

                Desde la plaza y en uno de los aledaños de la catedral sale la calle Hatun Rumiyuq (calle de la roca mayor, en quechua). En ella se encontraba el palacio de Inca Roca, sobre el que actualmente se yergue el Palacio Arzobispal. En esta calle, que va desde la plaza de Armas hasta el barrio de San Blas, se puede apreciar una magnifica pared de piedras perfectamente cortadas, pulidas y encajadas unas con otras entre las que destaca la famosa piedra de los doce ángulos. Nos costó un buen rato poder hacernos una foto en el sitio, tal era la cantidad de personas que había con el mismo objetivo que nosotros. La calle está llena de puestos de todo tipo y la afluencia de turistas que pasean por ella resulta un poco agobiante.

Delante de la famosa piedra
               

 La calle conecta la Plaza Mayor con el barrio de San Blas, barrio donde se concentran los artesanos, talleres y donde se encuentran tiendas de todo tipo. Es uno de los sitios más pintorescos de la ciudad. Sus calles son empinadas y estrechas, con antiguas casonas construidas por los españoles sobre importantes cimientos incaicos. En este barrio está la iglesia más antigua de la ciudad construida en el año 1563. El nombre quechua de este barrio es el de Toq'ocachi que significa "el hueco de la sal".

Calle de la roca mayor

La otra arteria vital de la ciudad es la Avenida del Sol que baja desde la Plaza de Armas hasta el Qoricancha (templo dorado en quechua). En esta vía hay varios museos, organismos oficiales y están las sedes principales de todos los bancos importantes, por lo que siempre tiene un gran bullicio de gente en sus aceras y un tráfico endiablado.


Magnifico el Qoricancha

El Qoricancha es sencillamente una maravilla. Fue el santuario más importante dedicado al dios Sol en la época del Imperio inca, un lugar sagrado donde se rendía adoración al máximo dios: el Inti (Sol), por lo que sólo podían entrar en ayunas, descalzos y con una carga en la espalda en señal de humildad, según lo indicaba el sacerdote mayor Willaq Umu . Se dice que este templo fue llamado el "sitio de oro" ya que todos sus muros habían sido recubiertos con láminas de oro por los incas. Sobre parte de los templos incas se construyó el templo de Santo Domingo pero en su centro, junto a un imponente patio, aún se pueden ver restos de tres templos incas  perfectamente conservados. Apabulla observar la perfección de esos artesanos en la construcción de paredes de bloques de granito con tal grado de exactitud en su encaje que no sobresale un milímetro uno de otro y es prácticamente imposible introducir una cuchilla de afeitar entre las piedras de granito. Aparte de los templos incas, el recinto posee una gran colección de pintura cusqueña y otras muchas cosas pero a mí, después de ver lo anterior, me pareció carente de interés. Cuando salimos nos encontramos con una representación de un baile típico inca en el Jardín Sagrado que flanquea el templo.


Templo dentro de templo. Impresionantes las paredes

De la visita cultural y siguiendo la Avenida del Sol hacía abajo, nos fuimos al mercado artesanal donde las cuatro mujeres dieron rienda suelta a sus más mercantiles instintos y compraron regalos para todas aquellas personas (hermanos, tíos, sobrinos, amigos, etc) que se les pasó por la cabeza. Yo también compré algo, pero pecata minuta en comparación con ellas.


En el mercado

                Después de toda la mañana caminando es hora de reponer fuerzas. Cuando bajábamos al mercado le hemos echado un ojo a una cevichería (o cebichería, que lo he visto escrito de ambas formas aunque más veces con v que con b) de lo más apañada: El Paisa. Y a ella dirigimos nuestros pasos. Esto no tiene nada que ver con los restaurantes de la plaza, es un local enorme, de por lo menos cuarenta por veinte metros, con un tablado que lo preside donde actúan una pareja, y chorrocientas mesas por las que serpentean a una velocidad del carajo cinco o seis camareros.

Ceviche y arroz con pato del Paisa

 Ni un solo extranjero excepto nosotros, lo que es síntoma de local puramente peruano que me gusta mucho. El tamaño de los platos es XXL y la cerveza baratita, la Cusqueña de 620 mililitros a 6 soles, una ganga. Por supuesto después de la caminata nos tomamos unas cuantas. Nada más sentarnos nos obsequian con un chupito de leche de tigre y luego nos pedimos un arroz con pato, chicharrones de pescado, un ceviche y no sé qué cosas más mientras, relajados, observábamos como la orquesta, el dúo, animaba el cotarro ahora cantando, ahora glosando las maravillas del establecimiento, ora haciendo propaganda de algún tipo de artículo o cantándole el feliz cumpleaños a un comensal que se levantaba agradecido por el detalle mientras el resto del comedor aplaudía a rabiar. 

 

Son casi las cuatro de la tarde y con el estómago contento, ahítos, emprendemos penosamente la subida por la  avenida hacía la Plaza de Armas. Una vez allí, fotos por doquier y nos encaminamos a la calle de la Roca Mayor donde de nuevo foteamos y paseamos un rato. Las mujeres deciden que quieren seguir viendo tiendas y yo que nanai de la china, que por hoy ya está bien de paseos y visitas; así que, sin dilación de ningún tipo, cojo las de Villadiego y me largo al hotel a estirar las piernas y ellas a lo suyo, a ver trapitos, cachivaches o lo que se les ponga por delante. Luego, cuando volvemos a encontrarnos en el hotel, me cuentan que acabaron tomando un cafetito con su correspondiente tarta en un local que semejaba ser una especie de museo del café.


Mi hija y Eva. no se puede ser más guapas

Mañana recorreremos el Valle Sagrado y pasado mañana, si todo transcurre con normalidad, nos toca visitar la joya de la corona, el ansiado Machu Pichu.


 ENTRADA 1: PREAMBULOS

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