domingo, 30 de octubre de 2016

VIAJE A PERÚ.ENTRADA 1. PREAMBULOS



Finales de Julio de 2016.

Entre el calor sofocante que está haciendo en Sevilla, el necesario aire acondicionado que no me gusta ni un pelo para dormir pero del que no puedo prescindir so pena de no pegar ojo, y la tensión pre-viaje, llevo tres o cuatro días, mejor dicho, tres o cuatro noches, que no descanso como Dios manda, y el caso es que antes de irme a la piltra me preparo concienzudamente para ello con dos o tres copazos de un buen Ribera del Duero. Pero que va, ni por esas. Se ve que Morfeo, el de Matrix, no el griego, está de uñas conmigo.


En el lago Titicaca

            Se me pasan las noches en un duermevela sudoroso dando vueltas como un trompo entre las pegajosas sábanas buscando algo de frescor, pero leches, na de na. Y como estoy obsesionado, febril, tan pronto me despierto persiguiendo alpacas por el altiplano como estoy con el agua al cuello en una tenue balsa de totora en el Titicaca. Ayer me corrió a escupitajos una puñetera y encorajinada llama que no sé por qué carajo la tomó conmigo sin yo hacerle nada; dos horas más tarde estaba a machetazos limpios, semiperdido y acojonado, en la frondosa y laberíntica selva que rodea Tarapoto buscando una trocha que me sacara de esa feraz e intrincada jungla. He paseado por las celestiales terrazas de Machu Pichu, cabalgado codo con codo con un cercano y altivo Pizarro en medio de una miríada de altivos guerrero incas presos con caras de malas pulgas, hablado en quechua y aimara con extraños personajes sacados de antiguos libros, tomado ingentes cantidades de mate de coca para superar el mal de altura en Puno, degustado un magnifico ceviche de conchas negras y otro de ojo de perdiz (vulgo corvina) en la playa de Cotan y otras mil cosas más que apenas atisbo a evocar. Mis noches han sido un magnifico calidoscopio de sensaciones, de vivencias apenas recordadas cuando sudoroso me despertaba, pero a las que me aferraba con ahínco como a una tabla salvadora para que no se me escurrieran como agua entre los dedos.


Eva y yo en Machu Pichu

            Me paso la mañana y la tarde delante del ordenador preparando el viaje, tomando notas, buscando excursiones, leyendo blogs de viajeros que me antecedieron por esos lares, encontrando lugares perdidos, salivando pensando en esa riquísima gastronomía peruana: anticuchos, rocotos, cebiches, ajís, cuyes, etc. Y claro, cuando me acuesto, toda esa información se desborda, se mezcla aleatoriamente y entra en ebullición hasta que me sale goteando por las orejas.  Apenas he cogido el sueño y antes de darme cuenta de que siquiera estoy dormido ya estoy en el hermoso barrio de Barranco degustando en una terraza con vistas al Pacífico un maravilloso chicharrón de pollo bajo el eterno cielo panzaburra de Lima con el fondo del malecón de Miraflores, y a los cinco minutos, sin margen de continuidad, ya me encuentro en la Amazonía, en los aledaños de Chachapoyas, siguiendo a un guía por un oscuro sendero que seguro nos llevará a contemplar una hermosa catarata ignota mientras una jadeante nube de mosquitos pululan a mi alrededor incapaces de alcanzarme gracias al maravilloso brebaje de Mercadona con el que me he embadurnado hasta el último trozo de piel.

            Ahora que lo pienso con más detenimiento, esta vez sí hemos planificado medianamente el viaje, por lo menos en el aspecto sanitario, y eso que  hemos tenido que correr de lo lindo para tenerlo todo previsto: vacuna en sanidad exterior contra la fiebre amarilla, el tétano, la hepatitis A, pastillas contra la malaria, amén de un botiquín adjunto con chorrocientas cosas: Omeprazol, ibuprofeno, paracetamol, antidiarreicos, Almax, y no sé cuántas medicinas más. A ver si hay suerte y no viene la venganza de Moctezuma (en este caso del Inca Garcilaso) y no nos tumba de un puñetazo en el estómago.


Mi hija en una playa del Pacífico

            Mención aparte merece la prevención contra los mosquitos. Entre el acojono del Zica, que está a todas horas en la tele por las polémicas Olimpiadas que se celebran en el convulso Brasil de la cuestionada Dilma, y la nefasta experiencia que tuvimos en Costa Rica, esta vez nos hemos perpetrado a base de bien: Coloridas pulseras antimosquitos de última generación, spray del Mercadona que es como la BBC del Madrid pero al revés, cojonudo, bonito y barato; otro mucho más caro aconsejado para viajes tropicales de extrema eficacia y por último un difusor eléctrico para las noches con su liquidito y todo. Vamos, que solo nos falta que metamos en la maleta una malla antimosquitos unipersonal. La idea, después de sopesarla concienzudamente, la hemos desechado en el último minuto por parecernos algo paranoica. La última preocupación, y no la menor, me la están dando estos cabrones de Air Europa. Todos los años el mismo cuento, llegan las vacaciones y empiezan las huelgas y el personal que se joda. Me tienen con la mosca tras la oreja ya que han convocado una huelga de tres días para el 31 de julio y mi vuelo sale el 28. Toquemos madera, pero de estos tíos no me fio ni un pelo.

LLEGÓ LA HORA.  NO HAY MARCHA ATRÁS

            Bueno, ya estamos en el AVE con destino a la capital del reino y nada más partir de Santa Justa el revisor nos ha pegado una bronca de padre y señor mío por dejar los maletones en el suelo en la plataforma que hay entre los vagones. ¿Dónde leches la dejamos? Con mucho trabajo, las maletas pesan como un mulo ahogado, las hemos trasladado a unas estanterías altas que amablemente nos ha indicado, y subirlas ha sido todo una hazaña. Luego el hombre se ha venido un poco abajo y nos ha tratado con cortesía desmedida, dándonos efusivamente las gracias por nuestra colaboración. ¡Si es que basta con conocernos para darse uno cuenta de que somos unos benditos!

            Dos asientos detrás tengo al pesado de turno que a voz en grito nos está informando a todos los usuarios del vagón de las interioridades de su empresa, de lo cojonudamente bien que le va económicamente y de la relevancia suya en el organigrama de la misma (en realidad se lo está narrando en un largo monologo a un hipotético interlocutor telefónico, pero lo suficientemente alto como para que lo oigan los que se están tomando un aperitivo en el vagón comedor adjunto), como si a nosotros nos interesara un carajo sus avatares empresariales y sus cuitas económicas. Fantasma. A la altura de Córdoba el menda da por finiquitada su perorata, bien por rotura de alguna de sus maltratadas cuerdas vocales o por fallecimiento de inanición de su oyente, y esto produce que más de un suspiro de alivio de algún abnegado y estoico oyente se oiga en los asientos aledaños, entre ellos el mío.


Catarata en Chachapoyas

            Ya en Atocha a correr se ha dicho para coger el tren de cercanías que nos lleva a la T4 del aeropuerto; otra carrerita y cogemos el circular que nos traslada a la T1. El aeropuerto de Madrid no es un aeropuerto, es un catálogo de Ikea repleto de terminales con enigmáticas siglas: P1, T3, A3, T4, TA, A5, para volverse loco si no fuera por lo cuerdos y sanotes que estamos, y por la ayuda de algún que otro lugareño al que recurrimos cuando las dudas nos atosigaban. Parecemos los cinco aurigas del Circo Máximo romano arrastrando nuestros maletones y tomando las curvas a tutiplén (la madre que parió a los maletones, ahora, después de tres carreras, ya no transportan a un mulo ahogado, sino a toda una recua de ellos bien apretujaditos). En referencia a esto, no contentos con llevar cada uno de nosotros una maleta de considerable dimensión y nuestra personal mochila al hombro con lo imprescindible por si nos extravían estos de Aena las maletas, un amigo de Ana que vive en Lima y que será nuestro anfitrión en la ciudad, le ha encargado que le lleve la compra del Mercadona. ¡Tócate los coyuntus neus! ¡Llevarle la compra del Mercadona de Sevilla a Peru! Una maleta repleta de piquitos, de aceite, chacina, avíos del puchero, café, aceite y no sé qué cosas más, bueno y muchas pipas. ¿Para qué coño querrá que le llevemos café a Perú? Ni que el café se recolectara por San Ildefonso, en la sierra norte de Madrid. Si de esta no nos detienen en la aduana por transporte de mercancías sospechosas me doy con un canto en los dientes.


Puesto de pescado en Tarapoto

            El avión sale a las 11:55 y llega a Lima a las 5:10; teniendo en cuenta que hay una diferencia horaria de siete horas esto hace una travesía de 12:15 minutos, pero bueno, el caso es que a las nueve y media ya estamos en la cola para facturar las maletas y quitarnos ese muerto de encima. Después de diez minutos de cola llegamos los cinco a uno de los mostradores de Air Europa y en ese momento el chico que nos empieza a atender se queda mirando hemipléjico, ojiplático total, al ordenador y le comenta al compañero que está en el puesto de al lado:

- La pantalla del ordenador se me  ha quedado en blanco. ¿Y la tuya?
- Igual le pasa a la mía.
- Y a la mía, y a la mía…

Repiten a coro los cinco o seis responsables de las distintas taquillas con evidentes caras de asombro. A mí me empieza a dar mal yuyu, pero supongo que será un fallo tonto que se reestablecerá inmediatamente. Media hora más tarde ya no pienso igual y le he preguntado varias veces al responsable qué es lo que pasa y éste, con cara de póker,  como un monje lama repitiendo un mantra en una iterada letanía mientras pasa las cuencas de un rosario o como leches se llame lo que ellos utilizan, solo responde una y otra vez que “se ha caído el sistema”. ¡Qué leches significa que se ha caído el sistema! ¿Tendrán algo que ver los albañiles que están trabajando por aquí? ¿O es qué un terrorista ha cortado unos cables? ¿No se habrá quemado un fusible? ¿Tal vez un inepto programador ha metido un comando equivocado y la ha jodido inexplicablemente? ¿O acaso es que un hacker envidioso de mi viaje ha decidido boicotearlo? Me juego el cuello que es esto último; algún envidioso me está saboteando a conciencia el viaje.



Esperando esperanzados y aburridos a que el sistema dé señales de vida.

            Una hora y media después el sistema sigue por los suelos, digo caído, y sin puñeteras ganas de levantarse. Lázaro, levántate y anda, ordeno mentalmente, pero leches, ni caso; se ve que no tengo mucha ascendencia allá en lo alto. Los empleados aprovechan para salir a fumarse un cigarrito o comprarse unas chocolatinas y comentan la incidencia entre ellos en susurros, evitando las miradas asesinas que caen sobre sus cabezas. Los pobres están tan a pe como nosotros y responden como pueden (que es poco e inconexo) a las preguntas que les llueven de todos lados.

- Señor lo siento, pero el sistema se ha caído. Es un problema de la central que gestiona el embarque en toda España.

- Me lo explique señorita, pero en los mostradores de Iberia, de Luftansa, etc, la gente está facturando sin problema alguno y nosotros llevamos dos horas esperando que el sistema se levante de una puñetera vez.

- Cada compañía tiene su propio servidor, ya se ha informado a la central de USA para que solucione el problema y lo están gestionando lo mejor que pueden.

- ¿Me está diciendo que mi viaje depende de la prestancia de un tío perdido  en una ignota ciudad americana que, seguro, en estos momentos se está zampando una hamburguesa y una Coca-Cola? Además el vuelo sale dentro de cincuenta minutos como bien puede ver en el panel de salidas, y a este paso me dan aquí las campanadas de nochevieja.

- No se preocupe señor, el vuelo no sale hasta que todo esté arreglado. De todas formas le comento que tiene tres horas de retraso por problemas atmosféricos.

-¿Cómooooooooooooooooooooooo?

Casi a las doce el sistema se levantó por arte de birlibirloque, mágicamente empezó a funcionar y yo, en mi fuero interno, me vi dándole las gracias a ese maravilloso e imaginario yanqui que, después de zamparse la burguer con su Coca-Cola correspondiente, se decidió condescendiente a solucionar el problemita que afectaba a unos chicanos-sevillanos  ¿Dónde coño estará Sevilla, por Sinaola?

Facturamos y al entregarnos los billetes de embarque nos dan con ellos unos tiques:

- Señor, la compañía, para compensar la espera por el retraso de tres horas debido a las condiciones atmosféricas, les ofrece un pequeño refrigerio consistente en dos sandwiches y sendas botellitas de agua.

- Señorita estamos viendo por internet las condiciones atmosféricas desde aquí a Perú y estas son óptimas; el único punto problemático está en el Caribe, concretamente sobre Cuba, pero supongo que ¿nosotros no vamos a visitar a los hermanos Castro?

-Lo siento señor, pero esa es toda  la información de la que dispongo.

            Cabizbajos nos fuimos al bar, nos comimos los sandwiches, nos bebimos el agua y nos pusimos a matar las tres horas de espera de la mejor manera posible mientras tres señoras mejicanas que viajaban con nosotros maldecían indignadas:

- Agua, nos han dado agua. ¡Pendejos! agua se les da a las vacas.
           

Zampándonos los sandwiches y con la colección de botellitas de agua

A la una y media el ambiente ya estaba calentito y entre los pasajeros empezó a correr el rumor de que las tres horitas de espera era un huelga encubierta, si no como iban a saber que la tormenta iba a durar exactamente tres horas que, curiosamente, es el tiempo que puede retrasarse un vuelo sin que los pasajeros del mismo tengan derecho a indemnización. La cosa se va calentando a medida que pasan los minutos. Avalancha de quejas, hasta el punto de que a las chicas que nos atienden, haciendo lo que pueden, se le acabaron las hojas de reclamaciones y aquello en lugar de una sala de espera parecía un aula nórdica con todo el mundo rellenando el formulario. Yo pululando por todos lados sin perderme detalle y, por deformación profesional, ayudando a los escribientes: “señor, especifique bien que el retraso le supone perder un enlace y ponga clarito número de vuelo, hora y destino” “No, no tiene usted que entregarlo aquí, puede usted hacerlo al llegar en la oficina de Lima”….

            A las dos de la mañana cambia la explicación. Un sacerdote (lo digo por el alzacuello que llevaba), que se ha llevado hablando con una encargada de la línea un buen rato, nos dice, en un tono sosegado, monacal, que el problema no es una tormenta tenebrosa y amenazante, sino que los aeropuertos de soporte del vuelo no están operativos. ¿Aeropuertos auxiliares en medio del Atlántico? Me permito dudar de la explicación y va el curita y me suelta una perorata de padre y señor mío sobre su afición desde chico a la aeronáutica, sus amplios conocimientos sobre el tema y la necesidad de que los aviones bimotores tengan rutas alternativas que los lleven a aeropuertos seguros en caso, Dios no lo quiera, de que les falle un motor; todo adornado con profusas explicaciones técnicas. Por supuesto este problema no lo tienen los cuatrimotores y por eso los aviones de Iberia y otras compañías están saliendo sin cortapisas. Cojones, ¡lo que saben los curas hoy día! Y en mi fuero interno me imaginaba una retahíla de portaviones yanquis puestos en fila en medio del Atlántico esperándonos con las banderitas al aire por si fallaba un motorcito. Como los extras de Berlanga en Bienvenido Mister Marshall, pero a la inversa y con mucha agua por todos lados.

A las tres en punto salimos por fin y las siguientes doce horas las pase constreñido en un asiento minúsculo sin pegar ojo y con el respaldar del asiento de delante a escasos centímetros de mi cara. Tutankamón en su sarcófago tenía mucho más espacio que el menda.

¡Lo que hay que hacer para conocer mundo!





10 comentarios:

  1. Me da usted un poco de envidia, sobre todo pensando en lo que vendrá después de esto, comidas incluidas.

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    1. No le quepa a usted la menor duda que al final vendrán comidas, a fin de cuentas no deja de ser una de mis especialidades. Gracias por el comentario

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  2. Muy divertido ... vamos lo que pasa una vez sí y otra no cuando cruzas el charco. Saludos desde la antigua Tenochititlan. Pepesito

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    1. Siempre ocurren pequeñas disfunciones y divertimentos cuando una emprende un largo viaje. Lo mejor de los viajes no es llegar, es estar en el camino. Gracias por tomarte la molestia de escribir unas lineas.

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  3. Hola, Solo he leído la introducción y cómo derrocha usted literatura y humor. Me he divertido mucho. Seguiré leyendo...

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    1. Gracias Antonio. Le levantas a uno el ánimo con tus palabras. Si le he arrancado a usted una sonrisa me doy por contento con el trabajo realizado. Un cordial saludo

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  4. Da gusto leerte, colega. Saludos desde Cúllar Vega (Granada).
    Leyéndote, lo de menos es el destino.
    Relatas, ilustras, informas, diviertes... ¡Sigue así!
    Incluso, serás mi cicerone. Me va a servir de guía para analizar las visitas que posiblemente hagamos en agosto 2017 en Perú.
    Ricardo, gracias por todos los buenos ratos que nos das.

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    1. Muchas gracias Alfonso y que disfrutes del viaje al menos tanto como lo hice yo

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  5. Ricardo, hay un desfase en el reloj.
    El comentario anterior lo he hecho el 6 de marzo de 2017, a las 21:10 y no a las 12:08 que es mediodía. Éste, lo hagpo a continuación.
    Un saludo

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    1. Efectivamente sé que hay un desfase, pero nunca me había preocupado. Intentaré en la medida de mis posibilidades de corregirlo

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